“EN LA CIUDAD SOLO SE HABLABA DE ESO”

Apenas tenía veintiún años. Esa tarde salió a jugar uno de los partidos más importantes de su carrera. Javier “Lolo” Lavallen, y el recuerdo del Torneo Centenario, a veinticinco años de aquel logro histórico: “En la ciudad solo se hablaba de eso”.

En el Torneo Centenario había comenzado atajando Hernan Cristante, quién fue suspendido en el primer partido ante Estudiantes y luego fue transferido al fútbol mexicano. Los siguientes partidos los atajó Enzo Noce, pero ante Newell’s fue suspendido y entró José Gregorutti; él atajó esos minutos ante La Lepra y fue titular en la final de la ronda de ganadores, siendo figura en los penales. Roberto Perfumo, quién había llegado para reemplazar a Ramacciotti y Sbrissa, en la pretemporada decidió que atajara Javier Lavallen, quién apenas tenía 21 años.

“A uno lo pone contento saber que aportó un granito de arena para que la institución crezca. Estar en la historia del Club es algo que no tiene precio”, remarca el Lolo, quién hoy trabaja formando arqueros en las inferiores del Club.

“Gimnasia es mi casa”, dice. Y claro. Llegó a los 8 años a Gimnasia y se formó en las juveniles. Sin dudas esa semana la vivió de una manera especial. “La semana previa fue anormal a lo que veníamos transitando, el aliento de la gente que venía a los entrenamientos era increíble. En la ciudad solo se hablaba de eso. Para nosotros fue único vivir algo así”, destacó.

Sobre el plantel, destacó que era un gran grupo humano y lo más destacado era que: “La gran mayoría eramos pibes del club, nos conocíamos y teníamos otro tipo de relación. Esos son los lindos recuerdos”.

En el partido se dio una jugada clave en lo que fue el desarrollo. A los 30 minutos, en el arco del bosque, Rivarola ejecutó un penal que sancionó Castrilli; el potente disparo fue tapado por Lavallen que voló a su izquierda y la manoteó con la derecha. “Esa cancha llena no se va a borrar nunca, tampoco atajar un penal. Eso queda para siempre”, resalta el Lolo, que quedó en la historia tras esa jugada.

“Salir a la cancha y ver esa multitud fue espectacular, nadie estaba acostumbrado a eso, con el calor de enero. La gente siempre acompañó, el motivo de jugar una final fue algo incalculable”, sostiene a 25 años de aquella tarde soñada. “Sentir el aliento y el apoyo de la gente fue tremendo, pocas veces sentí algo así en un campo de juego”, agregó.

Castrilli pitó el final y eso desató la alegría del Triperío: “Fue un descontrol, fueron momentos de locura. Corríamos a abrazarnos con los compañeros y con la gente”, finalizó Lavallén. El Lolo atajó 18 partidos en Gimnasia y luego siguió su carrera en México, también pasó por el ascenso de nuestro fútbol. Hoy, trabaja en las inferiores del Lobo entrenando a los arqueros.

FOTO: @CulturaMuseoCGE
Entrevista: Simon Bordoni
Nota: Camilo Balleto

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